José María Aznar: "No estamos ante un problema lingüístico; es un problema de violación de derechos"

05/11/2009







Aunque no sea fácil defender la verdad a contracorriente, Jaime Mayor ha demostrado el liderazgo de defenderla siempre. Decía Schopenhauer que no hay nada más difícil que defender ideas contrarias a las que la mayoría de la opinión pública ha decidido dar por verdaderas aunque no lo sean. Pero decir la verdad acaba por dar sus frutos. Jaime Mayor ha liderado la candidatura del Partido Popular en las pasadas elecciones europeas y ha logrado la victoria.



El triunfo de la libertad es algo que muchas veces damos por descontado. Sin embargo, sigue habiendo muchas sociedades donde la arbitrariedad es la norma, donde la vida y la libertad personal no tiene valor. Sociedades donde a la mujer sigue reducida a servidumbre y la invisibilidad, teocracias fundamentalistas en las que una degradación fanatizada de la religión habilitan para perpetuar la opresión mediante la violencia.



Hay quienes pretenden dar lecciones de democracia mientras guardan un estruendoso silencio ante masacres, asesinatos y violaciones masivas de los derechos humanos como las que se producen en Irán y olvidan que hace 20 años otra masacre se produjo en la Plaza de Tiannamen. 

Porque han existido, y existen todavía, muchas sociedades donde los individuos no pueden hacer algo tan sencillo como decidir a qué dedican su interés y su tiempo. Donde algún poder decide para todos qué es lo que cada uno tiene que hacer, dónde puede ir o dónde no, qué puede decir o qué no,... qué puede pensar o qué no.



Sabemos que así ha ocurrido en la mayor parte de la historia. Pero tal vez a menudo no somos conscientes de que así sigue ocurriendo todavía hoy, en muchos lugares del mundo. E, incluso, como Jaime sabe perfectamente, en algunos lugares de España.



En este Campus se ha explicado muy bien que una cosa es la democracia y otra cosa es la libertad. La democracia responde a la pregunta sobre quién manda, y la libertad responde a la cuestión de cómo se manda. Nosotros defendemos la democracia liberal. Defendemos la democracia, porque debe mandar quien decide la mayoría de los ciudadanos, pero además, defendemos que los gobiernos elegidos por la mayoría respeten siempre la libertad de las personas y la ley. Eso es la democracia liberal.



Como habrá oportunidad debatir estos días, la apelación a la identidad constituye uno de los graves riesgos que tiene que afrontar la democracia liberal. Y hoy en España la apelación a la identidad se convierte con demasiada frecuencia en la justificación de que se valen los radicales y los dogmáticos para infringir derechos y libertades de los ciudadanos.



Esto es lo que hay detrás de una norma como la aprobada en Cataluña ?"con el voto en contra del Partido Popular- que supone erradicar la enseñanza del español en la escuela.



No se trata de los derechos de las lenguas, castellano o catalán. Se trata de los derechos de quienes las hablan. Las dos.



No se trata de un problema de identidad de Cataluña. Al contrario, al debilitar esta dimensión lingüística, a Cataluña se le priva de un componente esencial de su identidad, presente en su historia y en lo mejor de su cultura.



No se trata de ninguna reivindicación social. Porque al erradicar el español de las aulas, se falsea la realidad del uso social de ambas lenguas que es lo que no se quiere reconocer.



Estas decisiones, que son hijas del fanatismo y del sectarismo, agreden derechos fundamentales de las familias y nos empobrecen como sociedad, empezando por empobrecer a quienes directamente los sufren, los catalanes y Cataluña. 

¿En qué país que conozcamos en una parte de su territorio  la enseñanza de la lengua común  queda reducida a dos horas semanales? No existe ningún otro país.



¿En qué país si ocurre eso la única respuesta del Gobierno a las familias sería recomendarles que se resignen a que sus hijos sean privados de una adecuada enseñanza del español? En España.



Quiero decir que estamos ante un enorme error, que sobre todo van a pagar muy caro los niños catalanes, y que como siempre pagarán mucho más duro los niños catalanes sin recursos, porque los niños catalanes ricos ya se encargan sus familias de enseñarles castellano debidamente. Pero el daño que se va a hacer a los niños catalanes y el daño que se está haciendo a las familias privándolas de una libertad de elección es verdaderamente un error clamoroso. Estamos ante un error y estamos ante un problema muy claro, y es que no se respeta la libertad de las personas, cuando a esas personas se les niega el legítimo derecho a elegir asuntos fundamentales de su vida y de sus hijos.



Quiero decirlo muy claro: no estamos ante un problema lingüístico; estamos ante un problema de violación de derechos de las personas.



Cuando un gobierno autonómico, el que sea, conculca derechos y libertades, deberíamos esperar que el Gobierno de la Nación ?"que tiene capacidad y legitimidad- reaccionara en defensa de la libertad de los cientos de miles de familias españolas que viven en Cataluña y a las que se niega el derecho a elegir en qué lenguas quieren escolarizar a sus hijos. Es muy triste escuchar al Gobierno de la Nación decir que las familias, en una parte de España, tienen que asimilar que no tienen derecho a escolarizar a sus hijos en la lengua común de todos los españoles. Aunque tampoco nos puede sorprender, cuando ese mismo gobierno tiene dificultades para distinguir la vida humana de lo que no lo es. Pero conviene resaltarlo porque es una realidad expresiva y bien triste.



Jaime Mayor ha ganado unas elecciones europeas hablando claro sobre todos los asuntos y, en particular, sobre estos dos. Habló claro sobre el derecho a la vida, y habló claro sobre el derecho de los padres a elegir la lengua en la que quieren escolarizar a sus hijos. Eso son hechos y realidades que yo considero muy útiles para la reflexión de todos.



Excuso decir que llegará algún listo a decir que no conviene hacer de estas cosas una cuestión política. Porque, cuando se aprueba una norma en un parlamento, y se impide la enseñanza del castellano, no se hace política. No sé qué se hace, pero no se hace política. Pero cuando uno lo comenta, está politizando las cosas. Lo digo porque hay una colección de listos por ahí a los que conviene decir que no se pasen de listos, porque este país se ha convertido en algo imposible.



Yo soy uno de esos españoles que ha votado la candidatura de Jaime Mayor en las pasadas elecciones europeas. Y como le he votado, y me representa en el Parlamento Europeo, le voy a pedir algo. Le pido hoy  públicamente, como ciudadano de a pie, que defienda en Europa los derechos de esos millones de personas que están viendo conculcados sus derechos y que el Gobierno español y el Gobierno catalán se niegan a defender. Europa tiene sus instrumentos de protección de los derechos de los ciudadanos. Merece la pena recurrir a ellos y devolver la libertad a todas esas personas.



Es verdad que a veces hay quien prefiere ignorar los problemas reales, distraer a la sociedad creando o agravando otros, a veces rigurosamente ficticios. Hay quien prefiere (y en España tenemos algún ejemplo clamoroso) decir a cada uno sólo aquello que cada uno quiere oír. Y eso es intelectualmente deshonesto pero, además, y sobre todo, resulta no sólo socialmente inútil, sino también contraproducente.



Uno puede limitarse a gestionar el día a día, esperando a que escampe tras las tormentas. Pero, como se ha recordado muchas veces, la diferencia entre un político y un estadista es que el primero piensa en las próximas elecciones, y el segundo en las próximas generaciones. Y hoy estamos en tiempo de que España necesita estadistas.



En todo caso, FAES es una organización dedicada a estimular el pensamiento libre y lo va seguir siendo. Somos conscientes de que el marco jurídico y político del que hoy disfrutamos, la democracia liberal, ha sido históricamente la forma de organización social que mejor ha garantizado la libertad y el progreso humanos.



Pero también sabemos que ello es el resultado de una gran tradición de pensamiento, cuyas raíces empezaron a prender hace ya muchos siglos y que ha llegado a nosotros gracias al esfuerzo de muchas personas, que han dedicado su esfuerzo, sus recursos e incluso su vida a hacerla posible.



En ese sentido, somos depositarios y administradores de unos valores que merecen ser continuamente contrastados, repensados y puestos al día para afrontar una realidad cambiante. Por eso, por honestidad intelectual y por utilidad social, nos ha parecido necesario dedicar este curso a plantear cuestiones difíciles, a veces incómodas, pero esenciales para el futuro de nuestras sociedades y de los valores en que están basadas.



Ése es el sentido de estas jornadas. En ellas pretendemos plantear cuál es la situación y cuáles son las perspectivas de futuro del modelo democrático liberal, no sólo en España sino en todo el mundo. A tal fin, hemos querido hacer un diagnóstico crítico de su situación, profundizando en los factores que justifican ciertos sentimientos de insatisfacción, lo que un gran sociólogo español, como Víctor Pérez Díaz, ha definido como el malestar de la democracia.



Más allá del diagnóstico, queremos también reflexionar, e identificar, cuáles son los grandes desafíos que las democracias habrán de afrontar en un porvenir que, en muchos casos, ya se ha hecho presente.



En particular, y a la vista de algunos de esos desafíos, queremos conocer cómo van a ser capaces de integrar, sin renunciar a sus principios fundamentales, una diversidad cultural normalmente desconocida en épocas anteriores. Cuáles son las pretendidas alternativas que, arrancando aparentemente de principios comunes, se ofrecen al mundo contemporáneo. Cómo pueden las democracias ser capaces de encarar, e imponerse, al terrorismo que, como bien sabemos y con una u otra capa, pretende simplemente aniquilarlas, exterminando sus valores fundacionales y a quienes los defienden. Y, por supuesto, se tratará de explorar igualmente qué tendencias, qué técnicas e instrumentos aparecen, a la vista de algunos expertos, como posibles vías para fortalecer y mejorar el funcionamiento de la democracia representativa y de sus instituciones.



En definitiva, y de acuerdo con una tradición intelectual occidental de la que nos sentimos profundamente orgullosos y a la que FAES pretende servir, queremos debatir en profundidad y libremente acerca del presente y el futuro de nuestra sociedad democrática. Estoy seguro de que todos cuantos hoy os encontráis aquí, a los que reitero mi agradecimiento por vuestra participación, convertiréis estas jornadas en un ejercicio fructífero de reflexión libre.